domingo, 6 de abril de 2008

TREGUA

Podría empezar diciendo que nunca jamás terminaremos conociendonos a nosotros mismos, lo mismo a los demás. No es un gran secreto, todos lo sabemos. No estoy diciéndoles algo que no sepan; no me estoy inventando nada.

Sin embargo, pese a que me he vuelto una persona muy dura, que ya no piensa tanto, que vive más el momento, que le gustan más los zapatos, que sabe más o menos qué hacer con su vida, que tiene claro quiénes son sus amigos y que no quiere tener enemigos, que todos los días entiende mejor la música que le gusta, que ha crecido espiritualmente, que le ha bajado a las calorías, que puede rumbear sin trago, que no tiene vicios; creo que me es grato aceptar que la gente todavía me sorprende.

Todo esto no se resume simplemente a la gente en general, sino a los hombres en particular.

Qué le vamos a hacer, he crecido con mucha desconfianza acerca de ellos. Soy femenina, más allá de feminista, pero tengo mis reservas acerca de ellos. Siempre creí que eran uno de los grandes males de las mujeres, además del cáncer de cuello uterino, el cáncer de seno y la estupidez por enamoramiento compulsivo.

Pero en este fin de semana he descubierto, que los hombres no son tan malos, que tienen sentimientos; que como nosotras se envidean, que como nosotras extrañan y quieren, que aman, que sufren y que les preocupa que les salga barriga. Que ellos tal y como lo hacemos las mujeres no saben si llamar o no llamar. Que les duele cuando una vieja los deja; que se sienten mal cuando los amigos los dejan plantados, que en la distancia su familia les hace falta. Al fin, que son tan humanos como nosotras.

Así que he decidido hacer una tregua, con todos ustedes mis queridos amigos, porque me he dado cuenta de que así como las mujeres me han enseñado tanto, de ustedes también he aprendido. De los hermanos, de los amigos, de los novios, de los amantes, de los cuñados, de los vecinos de todos y cada uno; sin endiosarlos, sin volverlos el núcleo de mi vida, pero si comprendiendo y aceptando que me han dado lecciones muy importantes y que no podemos desconocer sus sentimientos.

Sé, como dije al principio, que no estoy descubriendo nuevas verdades, pero sí me estoy descubriendo a mí misma, y más allá de un descubrimiento personal es un descubrimiento total, de no atrincherarme más, de salir con una banderita blanca y rendirme, sabiendo que ustedes han hecho lo mismo por mí. Se ha firmado la paz, en tan solo tres días.

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