Hace poco hablaba con una amiga de colegio sobre esa época, sobre nuestros años de adolescencia en donde no sabíamos nada de nada y pero pretndíamos que lo sabíamos todo. Esa época de los primeros amores, de los primeros besos, de los primeros osos, de los amigos eternos, del baile de los que sobran, de odios y enemistades por cualquier cosa; de música ligera, de certidumbre y de duda.
Para mí fue más bien un momento extraño que se alargó por unos cuatro años. Siempre me sentí fuera de lugar. Constantemente tenía desacuerdos con mis compañeros y profesores porque yo simplemente no sentía ese sitio como mío, era distante, alejada, nunca pude hallar mi lugar.
Hoy, ya han pasado unos cuantos años desde esa época. Todo empezó a cambiar desde que estaba en la Universidad. Mis profesores me encantaban, las clases me divertían, me identificaba con mis compañeras, me apasionaba todo lo que tenía que ver con mi carrera, la que hice no solo mi oficio, sino mi forma de vida, me encantaron todos y cada uno de sus días.
Ahora, ya también se van alejando los años universitarios y empiezo a sentirme mucho más en mi lugar, empiezo a apreciar más quien soy, en donde estoy y la gente que me rodea. Empiezo a nadar como pez en el agua por la ciudad, por la vida misma.
Sin embargo, todo esto no ha sido de la noche a la mañana, tuve que aceptar quién fui para saber quién soy y en lo que quiero convertirme. Aprendí que siempre aceptar de dónde vienes con orgullo y sin pena te permite seguir adelante; que cada momento minúsculo de tu vida forma parte de lo que eres hoy, así que nunca debes avergonzarte de quien eres.
Creo que por fin he encontrado mi centro, mi nucleo, sin creérme más, ni menos que nadie.
Hoy en día he podido conocer cosas, lugares, eventos, que alguna vez soñé; relacionarme con el tipo de personas que te impulsan a ser mejor, que no se quedan nunca atrás, sino que siempre están adelante, cada vez con más proyectos, con más reconocimiento y ¿Saben? me encanta, pero lo que más me gusta es que en esencia sigo siendo yo, la misma loquita, chiquita, chistosa que se la pasa saltando de un lado a otro. Puedo relacionarme con las mejores personas, las más influyentes, pero si no soy fiel a mí misma de nada sirve. Si no recuerdo de dónde vengo y todo el camino que me falta por recorrer, entonces no he aprendido nada.
Agradezco a DIOS que me dé la oportunidad de crecer, socialmente, moralmente, personalmente, profesionalmente, pero le agradezco mucho más haberme puesto los piés en la tierra y hacerme siempre recordar quién soy.
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