lunes, 7 de abril de 2008

MY GIRLS

En estos días de tanto movimiento telúrico, de tanta tormenta, de tanto calentamiento global, de tanta lucha por el Tíbet, de tanta guerra en Irak, de tantos secuestrados en Colombia, de tanta lata con Chavez y Uribe, de tanta prostitución infantil; de tantos y tantos conflictos he preferido pensar en las cosas sencillas.

He decidido apartarme de todo y volver a lo básico, a lo simple. A la vida asadita vuelta y vuelta, con una pizca de pimienta y sal.

Me he reencontrado con mis amigas de la Universidad. La universidad, esa época para muchos de locura y desenfreno, de sexo drogas y rock & roll.

Todos tienen millones de historias, algunas truculentas que cuentan a sus amigos como hazañas propias de la mesa redonda. Todos parece que llegaron a ese lugar y decidieron pasar sus últimos años de adolescencia de la forma más perturbadora que se les ocurrió, corriendo una carrera contra el tiempo, para alcanzar yo no sé qué.

Nosotras no, nunca lo hicimos. Nuestros planes se limitaban a tomarnos unas cervezas, a ir a las bibliotecas, a saltar de un lado para otro en Bar 23, a jugar Jenga en Étniko, a hacer hamburguesas gigantéscas y comer hasta caer dormidas, a desayunar en el patio en Chía, a tomar fotos en el centro. Esos eran nuestros planes, tan sencillos y tan sinceros.

Nos contábamos todo, nos aguantábamos todo, éramos amigas del alma, de esas que se ríen a carcajadas de la otra porque se viste horrible; de esas que no tienen que decirse nada para entenderse; de esas que se patearon las miles de lloradas por ese que no les correspondió. De esas amigas que hay pocas.

Creo que si pudiera escoger y volver atrás repetiría cada uno de los momentos que viví con ellas. Hoy seguimos siendo jóvenes, una es mamá y las tres somos profesionales. Vivimos nuestros últimos años de adolescencia y nuestros primeros de adultez juntas, así que nos une mucho más que los recuerdos.

Ahora cuando nos vemos, parece que no hubiera avanzado un solo día. Aún nos sentamos y no podemos aguantar la risa, no podemos dejar de contarnos todo lo que nos ha pasado, no podemos dejar de hacer las mismas coreografías tontas, creo que todavía podríamos jugar cartas con el naipe de las Chicas Superpoderosas. Así somos, así de simples y de tranquilas, sin tantas hazañas locas, pero si con mucho cariño de por medio.

Creo que hemos hecho un pacto silencioso, seguiremos siendo nosotras mismas, seguiremos adelante siempre, seguiremos buscando ser mejores y, mientras vivamos, jamás dejaremos de ser niñas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola mi amiguita de adolescencia adultez y ojala vejez, viejita quiero que sepas que la felicidad que yo senti con ustedes no la he podido igualar, gracias por todo Cris de ti he aprendido mucho te quiero mi amiguita chiqui cuidate mucho y espero reirme de cualquier bobada contigo y Nata y si hay lagrimas pues tambien pero que sea al lado de utedes , oajala sigamos asi de unidas chauuuuu Carol Sol