martes, 20 de febrero de 2007

¿Medio Bueno es Medio Malo?

Si usted ha tenido la suerte de haber nacido en esta ciudad, o se vino a vivir para acá cuando era niño, o si un giro mágico del destino lo obligó a instalarse por acá, seguramente hay muchas cosas que tiene para contar, para criticar y para cambiar de nuestra ecléctica Bogotá.

Seguramente en los años 90 detestaba caminar por la Caracas y no soportaba la idea de tener que pasar por San Victorino. Si quería salir en bicicleta a pasear por ahí se arriesgaba a que lo atropellaran, lo robaran o lo mojaran. Tenía limitadísimas opciones de ir a un centro comercial porque sólo existían Unicentro, Metropolis, Granahorrar, El Tunal y otros tantos que de centros comerciales tenían sólo el nombre. En Bogotá sólo se tomaba cerveza rubia de mal sabor hecha por Bavaria o la típica Polar que sabía aún peor. No había muchas Bibliotecas, ni interés por la cultura, ni espectáculos para todo el mundo... ¡Cómo ha cambiado esta ciudad!.

Hemos mejorado y cada día como que nos va mejor viviendo aquí. Contamos con todo y más de lo necesario para vivir bien. Entonces ¿de qué podemos quejarnos?, Pues de muchas cosas a mi parecer y no con el ánimo de la simple crítica destructiva, sino de la reflexión que ayuda a construir.

No voy a ahondar en los problemas de los que siempre se ha hablado: pobreza, hambre, falta de salud, vivienda, empleo, educación; exceso de niños, déficit de buenos padres, etc, etc, etc. Vamos a hablar de cosas más triviales, para variar.

Por ejemplo: ¿por qué todos los cortometrajes que se crean en esta ciudad no son sólo malos, sino además pésimos?. ¿Será porque a los mismos profesores de Cine y Televisón que hicieron esos documentales en el pasado les parecían buenísimos, entonces no han dejado que el arte evolucione y simplemente se estancaron?. De verdad, si han ido a cine el los últimos días verán que en lo único que cambian es que ahora hacen dizque animaciones, pero con las mismas historias fofas, vacías y sin contenido de siempre.

Eso, sin hablar del cine como tal. ¿Por qué nos enseñaron que hay que ver el cine colombiano con lástima?. Se han fijado que si uno pregunta ¿Cómo le pareció equis película? a uno generalmente le responden "Pues para ser colombiana es buena". Por qué tenemos que medir con mediocridad lo que se hace acá. Por qué no podemos comparar un director colombiano con uno francés. Por qué nos conformamos tanto con hacer las cosas a medias en vez de hacer las cosas bien. Digamos la verdad simplemente. Sí el cine colombiano es malo acá y en Cafarnaún, no hay que ser Clint Eastwood para darse cuenta.

Por otro lado están los bares de rock. Amo el rock con el alma, amo la música, amo sentarme a escuchar un solo de Joe Satriani, de Jimi Hendrix, de Eric Clapton y no entiendo por qué no puedo hacerlo sentada en un buen bar, en vez de un sitio con orinal al lado, cerveza barata y tres mechudos que hace rato pasaron por la adolescencia pero todavía piden que los lleven por la puerta de atras en mil, que se toman una sola pola en toda la noche y que piden rebaja en un cover de dos mil pesos. Estamos de acuerdo, nadie tiene la culpa de ser pobre, pero la pobreza de espíritu es otra vaina.

Crab's ha sido elegido en varias ocasiones como mejor bar de rock según la Revista Eskpe. Sin embargo, no es más que un resumen de lo que podemos encontrar en cualquier sitio de este tipo: mesas muy pequeñas, cero maletero, afiches por todas partes, pintura rústica y sin diseño, baños a la vista de todo el mundo, sillas incómodas, una carta muy limitada, meseros que le dicen a uno "viejito o viejita", tres televisores y una pantalla gigante que muestra los mismos videos de siempre. No esperen más, con eso nuevamente nos tocó conformarnos.

Uno se pregunta por qué hasta en los bares Crossover de la popular cuadra picha se esfuerzan más por la decoración, la atención, por los detalles. ¿Es mucho pedir uno poder tomarse unas cervezas o cocteles y oir buen rock (decir clásico sería dedundante) en un sitio que no huela a baño de taller?

Lo malo es que seguimos ahí, sin evolucionar, sin ir más allá, sin ideas revolucionarias que traten de salirse de lo convencional, de la costumbre y la mediocre rutina que no da para levantarnos, poner a trabajar la imaginación y empezar a construir cosas diferentes.



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