jueves, 1 de febrero de 2007

Bogotá al Centro.


A decir verdad no es fácil vivir en esta ciudad. Millones de habitantes, la mayoría viviendo en la pobreza; miles de empresas y negocios; niños que todos los días se suben al bus a vender la consabida fruna; el transmilenio oliendo a perro mojado a las 5 de una tarde lluviosa; las montañas tan imponentes; los rascacielos, que se ponen de puntas y estiran los brazos para tratar de alcanzar los 2.600 metros, esforzándose tan inútilmente; el sol de enero, la lluvia de abril; el parque nacional, el museo del oro, la plaza de Bolivar, el teleférico de Monserrate; la tienda de doña Anita y don Pedro, la infaltable fritanga en la plaza; los chuzos de tomar chicha en el chorro; ¿me lleva por la puerta de atrás en quinientos?, ¿me regala una monedita?, soy desplazado, por favor una ayudita.


Uno se levanta todos los días con ese frío y esa neblina. Los más afortunados se echan su buen desayuno, se bañan, se visten y se van en su carro para el trabajo, la universidad o el colegio. Los menos afortunados se van a rebuscarse lo de la aguapanela.


Pero algunos, como yo, no tenemos carro, pero de vez en cuando nos damos el lujo de andar en taxi; no mercamos en pomona, pero aprovechamos las rebajas del Éxito y de Carrefour; no viajamos a Europa de regalo de quince, pero hicimos nuestros buenos paseos en carro a la Costa. No vivimos en casas contruidas de tejas viejas, pero una vez al año de damos una pintadita a la nuestra; el computador no es extraño para nosotros, pero tampoco tenemos el último Mac.


Soy de la orgullosa clase media.
La clase media, con sus bajas y sus altas. La que va a Cinecolombia. La que de vez en cuando come en restaurantes bonitos, pero que la cuenta salga baratica. La que no tiene pasaporte porque jamás lo ha necesitado. La que va al estadio a ver a Santafecito y no se sienta ni en sur, ni en Norte, ni en Occidental Numerada. La que coge colectivo para ir al trabajo. La que aprovecha las ofertas y los cupones de Pizza del Directorio. La que hace mercado de justo lo necesario y si alcanza unas galguerías.

Cuando niños nos decían: "vamos a salir a comprar tales vainas, pero no se antojen de nada, después miramos si alcanza". Nos llevaron al Salitre varias veces, pero jamás supimos lo que era jugar golf hasta que se popularizó en la ciudad el golfito.

Estudiamos en colegios clase media, con otros chinos clase media, que vivian enbarrios clase media, con sus carros clase media, exactamente como nosotros.

Y por eso mismo, porque en la mitar uno aprende lo que es equilibrio, entonces crecimos como buenos muchachos.

Nuestros papás se "partieron el lomo para darnos la educación", así que la valoramos, nos mantuvimos dentro del promedio o un poquito más y entramos a una Universidad Pública o donde la matrícula no fuera tan cara.

Y después de todo, ser de clase media no es tan malo... No nos envidiabamos nada, todos teníamos lo mismo. No corrimos para vivir, no tuvimos necesidad de hacerlo, no lamentamos lo que no teníamos... simplemente lo disfrutamos... y lo disfrutamos tanto...


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