No soy mala hierba, solo hierba en mal lugar (Sácame de Aquí, Bunbury)
Últimamente he pensado que quiero viajar; pero viajar lejos, por lo menos un viaje que amerite tener una visa en el pasaporte. He pensado en varias opciones, la verdad no sé a dónde exactamente, ni cuando, pero quiero viajar.
Me ha estado rondando mucho la idea en la cabeza de que quiero irme a vivir a Italia, ya empecé a averiguar becas y requisitos, cursos de Italiano y, bueno, me he vuelto un poco obsesionada con ese tema. No sé qué es lo que tiene esa tierra que me parece tan atractivo. No sé de dónde surge ese sentimiento, como si me estuvieran llamando a encontrarme con algo o si simplemente quiero irme a buscar otros mares y esa es la opción más atractiva.
Como ustedes ya deben saber a esta altura y para los nuevos lectores (que son pocos, pero siempre bienvenidos), yo pienso un poco en desorden, (aunque casi siempre termino teniendo un punto), así que este tema de los viajes me llevó directamente al tema de las familias, de las personas sobre todo. Empecé a pensar en la gente con la que hace muy poco uno pasaba mucho tiempo, con la que uno ya tenía sus rutinas establecidas, a las que medianamente conocías, como las familias de los ex.
Es extraño, cuando estás con alguien realmente estás saliendo con su familia. La conoces tanto, la ves tanto, la llegas a apreciar, a sentir parte te tu nucleo familiar y cuando terminas con ese alguien lo haces también con sus allegados. Entonces ya no te conocen tan bien, ya no los quieres cerca, ya no te quieren cerca y terminan siendo simples desconocidos que una vez compartieron un momento contigo.
Es aquí cuando todo este tema de los viajes y las familias empieza a concatenarse, porque si realmente te vas a vivir a otro lado, tu propia familia también se queda atrás. Las personas con las que compartías, vivías y comías de algún modo se vuelven lejanas.
Al fin y al cabo siempre nos estamos desprendiendo de algo. Cuando estamos en el colegio y nos vamos a la universidad; cuando pasamos de un trabajo a otro; cuando nos subimos a un bus y nos bajamos, siempre estamos dejando algo atrás. Es la ley natural de la vida despojarnos de algo, para obtener otra cosa. Pero ¿Por qué para algunos será tan difícil hacerlo? Para mí, por ejemplo, siempre ese proceso de adaptación se me ha dado naturalmente. Siento que lo que dejas atrás, aunque maravilloso y hermoso, cumplió su ciclo y hay que avanzar. Creo que por eso recuerdo tanto, pero no con añoranza, sino con cariño.
Todo se torna un poco más claro. Ya sé que lo que quiero siempre es emprender nuevos viajes, conocer otras cosas, otros pasajeros de este mundo, al fin y al cabo la vida es un viaje muy corto que hay que aprovechar al máximo. Por eso siempre tengo las maletas hechas, no sé a dónde vaya, pero seguro en donde esté, siempre recordaré cada uno de los lugares que he visitado y seguiré andando y andando, mientras pueda.
1 comentario:
Un viaje puede ser un buen elemento para abrir puertas, cambiar de actitudes y en general replantear el plande vida.
Algo muy común es el alejamiento a los seres queridos, afortunadamente hoy existen muchas formas de mantener un contacto personal mas cercano y las barreras ya nos son tan altas o complicadas.
A la hora de hacer un viaje se abren los ojos a nuevas perspectivas y a nuevas culturas que nos regalan sabiduría día a día (aún siendo dolorosos aprendizajes). Se conocen nuevas personas eso si se aprende a perdonar y se agranda el corazón así que un viaje es un cambio para el alma y un fortalecimiento de la personalidad.
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