domingo, 11 de mayo de 2008

Rutinas.

La feria del libro me dejó varias cosas: Un libro que se llama Solas, de una escritora española; La Tregua, el libro que le abrió las puertas al mundo a Mario Benedetti y una exquisita charla con mi amiga Andrea al calor de unas buenas cervezas.

Y bueno, este libro “La tregua” es básicamente el diario de un hombre de 50 años, contador público a punto de pensionarse, viudo y con tres hijos, quien cree que el corazón se le ha secado. ¡Qué historia más amena, por DIOS!. Nunca creí que la vida de un contador pudiera divertirme tanto, pero es que este Martín Santomé resultó tener más cosas conmigo de las que alguna vez me pude imaginar. Es un loco, soñador, sexual y pensador.

Eso me hace recordar que hace unos tres días, cuando cumplía una de mis rutinas diarias (desmaquillarme), mi mamá me miró y sonriendo me dijo: “Nena, me alegra tanto verte, me alegra tanto como estás tomando tu vida”. Entonces me puse a reflexionar, ¿Qué es de mi vida en este momento y por qué me siento tan identificada con este Santomé?

Para empezar estoy haciendo cosas que nunca hice. Ahora ando pendiente de pagar los servicios, las tarjetas, de tener la ropa lista a tiempo y de tender la cama todos los días. Empecé a preocuparme por cuidarme la piel y las arruguitas de los ojos, por lo que ahora tengo unas quinientas cremas, cada una para una parte diferente del cuerpo. Me preocupa mi salud, por lo que he decidido contratar una medicina prepagada. Me maquillo y me desmaquillo todos los días y cada una de estos rituales me toman unos quince a veinte minutos diarios. Veo el noticiero y leo la prensa diariamente. Estoy preocupada porque empezó a salirme pancita, por lo que las abdominales han sido buena opción. Tengo una cama doble, un computador personal y un televisor, objetos que creí imprescindibles para la vida independiente. Ahora escucho Jazz, blues, soul y no soporto el vallenato, el merengue o el reggaetton. Trato de repartir mi tiempo entre mi trabajo, la música, la lectura, el cine, ver a los amigos, hablar con la familia, dormir, consultar el correo electrónico y próximamente estudiar de nuevo, todo en las escasas 24 horas del día.

Me doy cuenta de que empiezo a tener verdaderas rutinas. Que a pesar de seguir saltando de un lado a otro, de que me siguen gustando las películas de Barbie y de mis frecuentes ideas infantiles, ahora ya vivo una vida diferente, la vida que siempre quise tener, lo que siempre soñé desde niña y, sin embargo, siento que mi corazón un poco seco, como que ya no siento esa necesidad de llorar todos los días y, es más, bloqueo todo pensamiento que me haga sentir nostálgica o conmocionada.

Creo que ya no soy una niña. La vida, el mundo, las percepciones me han cambiado. Ahora tomo cuenta de cosas que nunca en la vida me habían importado, como el curso de la historia y la realidad del país. Ahora soy alguien para datacrédito. Ahora soy alguien...

¡PUTA, Ya soy adulta!.

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