Sin el ánimo de plagear el nombre es esta ya legendaria canción del argentino Andrés Calamaro, decidí que este es el único nombre posible para este blog.
Bogotá es bella, llena de matices, un poco enemiga, un poco còmplice a veces; es como la comida thai: la combinación perfecta entre sabores dulces, salados, ácidos y amargos.
Esta sociedad que se ha forjado a punta de vendedores ambulantes, desplazados por la violencia en zonas rurales, por ejecutivos de saco y corbata, por la señora de los tintos, por el celador del edificio, por la subida a Monserrate e ir al Veinte de Julio los domingos. Que se ha caracterizado por recibirnos a todos con los brazos abiertos, con un arcoiris todos los días, esta cuidad de soles y lluvias, de corazones solitarios y amigables, de un amigo en cada esquina, también tiene su parte oscura.
Creo que lo peor que nos puede pasar es creer o caer en esa falsa suciedad, en donde a cualquiera se le debe decir Doctor o Doctora; en donde quien no lleva saco y corbata no puede trabajar en una oficina; en donde hay que fingir falsas sonrisas y dar coba al que no sabe, pero llegó a su alto cargo a punta de ser amigo del dueño.
Creo que en muchas de las compañías de esta ciudad todavía alaban al que llegó a arriba pasando por encima de los demás, todavía permiten que el que no sabe nada se mantenga a punta de poner buena cara en sus múltiples reuniones y hacer chistes en medio de los comités para ocultar su ignorancia.
Aún hoy en día muchos creen que esa es la forma de ser. Todavía muchos pretenden seguir ahí, sin nada en la cabeza, sin diferenciar un bit de un byte, sin mirar más allá de la nariz y pretender que nadie se de cuenta.
Afortunadamente y para felicidad nuestra, nuevos caminos se abren, los jóvenes, sangre nueva y conocimiento fresco, han llegado para dar la batalla y cortar de una buena vez esa costumbre heredada de los que ya se están llendo.
Ya no más Alta Suciedad. Necesitamos que todo sea genuino y duradero. Que quienes gobiernen sean gobernates y que quienes dirijan sean idóneos. Ya me cansé de vivir en la mentira, afortunadamente me fui para otra para otra parte.
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