jueves, 19 de julio de 2007

Para hablar de DIOS no se necesita nombrar al diablo.

Esta frase nos la dijo un profesor en clase de publicidad refirièndose a la costumbre de tener que hablar mal de la competencia para decir que somos buenos.

Y pues bien, yo lo hago extensivo a nuestra manìa de hablar mal de nosotros, los colombianos. A decir que todo està mal: que la guerrilla, que si el gobierno, que el clima, los moscos, los costeños, los paras, los paisas, los sicarios, la seguridad y toda una suerte de lamentos diarios que parecieran no tener fin.

Les cuento que me he tenido que empapar (apenas me estoy humedeciendo, màs bien) del tema de los hispanos en el mundo, no sòlo los colombianos, sino todos aquellos latinos que se fueron a probar suerte en un lugar diferente al de donde son originarios; es decir, los llamados expatriados.

Navegando por ahí me encontré con una noticia interesante: de los inmigrantes que van a Estados Unidos los que van con mayor nùmero de años de escolaridad son los Colombianos. Y como para hablar de DIOS no se necesita nombrar al diablo, no les voy a decir las sifras de los paìses vecinos, de hecho lo considero ahora innecesario, teniendo en cuenta de que aquì vinimos fue a hablar de nosotros y no de ellos.

En el Blog donde me encuentro con esa noticia un colombiano comenta que los guatemaltecos prefieren tener gerentes de cuenta colombianos por su preparaciòn, lo que nos indica que algo debemos estar haciendo bien.

El punto es, que atacar siempre termina siendo sencillo, pero hablar de las cosas buenas que tiene uno, sin hablar mal de las de los demás termina siendo complicado.

Así que sólo nos resta trabajar más y seguir cultivando esa imagen de cultura, buen comportamiento y educación que caracteriza a muchos de nuestros compatriotas en el extrangero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encántó esta Bogotá Su-Real como si se tratara de un cuento de las Mil y Una Noches. Y sigo encantado.

¡Qué bien poder redescubrir le esencia de nuestra ciudad con la magia de mirarla con ojos de turista y así disfrutar como niños de sus colores, aromas, sonidos, y personas!

Esta ciudad es mágica y lo único que no tiene es la vitrina turística que otras ciudades menos encantadoras sí tienen, pero viéndole el lado positivo, esto permite que la vivamos con más propiedad.

A María Victoria sólo le faltó decir que las mujeres en Bogotá son espectaculares y que con sus sinuosas caderas nos recuerdan a cada instante que por si fuera poco, en Bogotá también tenemos unas maravillosas montañas verde esperanza que hacen un su-real contraste con el rojo TrasMilenio que recorre día a día las calles como si fuera la sangre que pone en movimiento a la comunidad.

Felicitaciones María V. Bogotá también tiene poetisas. Y las personas como yo tenemos la suerte de encontrar de manera inesperada nuestras musas en un callejón o en un salón de clases.

Germán Rojas Molina
germanrojasmolina@yahoo.com